Morir bien o mal, ¿cuestión de suerte?


No sé en qué porcentaje el desarrollo de un cáncer es o no cuestión de suerte, tal como han pregonado recientemente los medios, basándose en el titular de una revista científica. Me parece, como mínimo, una afirmación desafortunada, por muchos motivos.

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Pero, ya puestos, me haré una pregunta parecida en aquel contexto con el que estoy más familiarizado, el del final de vida. Un enfermo puede morir tras ser bien atendido por profesionales competentes, sin padecer sufrimiento innecesario, respetado en sus valores y voluntades anticipadas, recibiendo soporte emocional, compañía, calor humano, en una atmósfera de comunicación sincera adecuada a su situación y deseos previamente expresados, y en el lugar que hubiera querido. O puede morir en otras circunstancias bien diferentes. Y eso, ¿de qué depende?

 

Pues por ejemplo, depende de los recursos específicos de cuidados paliativos a los que tenga acceso (sean domiciliarios u hospitalarios). ¿Son homogéneos en todo el territorio? No. ¿Son ofrecidos (de verdad) por todas las aseguradoras privadas? En absoluto.

 

Sigamos. Con o sin recursos, influirá en muchos casos la sensibilidad y actitud del especialista que controle su enfermedad. Los especialistas, ¿siempre identifican cuándo llega el momento de cambiar de chip e integrar la posibilidad de un final de vida próximo? No. Muchos ni piensan en esa posibilidad. Y si lo hacen, ¿suelen solicitar con tiempo suficiente la participación de profesionales más formados para esa fase? Pues depende, unos sí y otros no. Serán muchos los pacientes, con sus familias incluidas, que se darán de bruces con la muerte, en malas condiciones y tras un vía crucis completamente evitable, durante el cual han recibido una y otra vez falsas esperanzas (que no son tales, sino engaños y mentiras, mal llamadas piadosas), sin haberse enterado de que ya se acercaba el momento, y de que las cosas se podían haber hecho de otro modo.

 

¿Y si nos sucede algo agudo, súbito, y nos atienden en ese último tramo del camino en un servicio de urgencias? Pues puede que el médico que se haga cargo de nuestro último ingreso entienda la situación (de que la vida tiene un final), garantice (por sus propios conocimientos y experiencia, o solicitando la ayuda de compañeros mejor formados) el confort del enfermo, se preocupe por si había voluntades anticipadas expresadas documentalmente o verbalizadas previamente a su entorno próximo, y actúe en consecuencia, priorizando el respeto y la actuación proporcionada, que sobre todo controle el sufrimiento innecesario y aporte serenidad y seguridad al paciente (si está consciente) y a sus seres queridos. Pero también puede que caigamos en manos de alguien que no entienda la situación, y que se proponga como buena obra del día entablar una cruzada contra la naturaleza para arrancar de los brazos de la muerte a quien ya casi le pertenece y alargar unas horas, o días, qué más da, en absurda agonía.

 

Podemos incluir otras variables, como la hora y/o el día de la semana en que suceden las cosas, el lugar en el que estamos, la sensibilidad y formación del médico y/o enfermera y/o auxiliar y/o cuidador que en ese momento nos atiende, y así sucesivamente.

 

Me gustaría decir que esto es una exageración. Pero no. No lo es. Las diferencias entre unos centros y otros (del nivel que sean), y si son centros hospitalarios, entre unos servicios y otros, pueden llegar a ser abismales, y condicionar dramáticamente que el proceso de morir sea una transición triste o una pesadilla inolvidable.

 

Muchas de estas variables no dependen de nosotros. Pero hay otras que sí. Informarnos acerca de lo que es el documento de voluntades anticipadas, reflexionarlo y hablarlo con quien designemos como representante, tener un médico de confianza, solicitar información veraz sin conformarnos con evasivas, preguntar por los recursos de cuidados paliativos sabiendo que su trabajo de soporte no sólo no implica la muerte cercana sino que en muchos casos prolonga la vida y le da mayor calidad, o valorar si se contempla dicha atención al contratar un seguro médico, son cosas que sí podemos hacer.



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Morir bien o mal, ¿depende de la suerte? Me temo que, en muchos casos, sí. No se fíen de las leyes. Ni de los papeles. Tomen el mando, está en nuestra mano un buen porcentaje de esa suerte.

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