Empastillados

España es un país de contrastes, que tiene un idilio muy peculiar con las alturas en los “ranking” más diversos, a cuyas cumbres se sube sin vértigo alguno y sobre todo sin reparar en gastos.

 

Si no me equivoco: primer país del mundo en kilómetros de AVE por habitante; primer país de Europa en kilómetros de autopista por habitante; primer país de Europa en número de aeropuertos por habitante; claro que también tenemos el dudoso honor de tener la segunda tasa de paro más alta de Europa (después de Grecia, huelgan comentarios).

  

Cuando escuché la entrevista al Doctor Tizón en el programa “Empastillats” (en TV3), me acordé del célebre cuento de Andersen: “El traje nuevo del emperador”. Se puede decir más alto, pero no más claro. 

Primero, los datos, incorporables al listado de tristes liderazgos. España es el segundo país del mundo en consumo de antidepresivos y neurolépticos (en dosis por habitante), y el primero en consumo de ansiolíticos e hipnóticos. Unos números demoledores, que se pueden interpretar de muchas maneras, ninguna buena.

 

Según esos datos, parece que en ese país de buen clima y buena comida donde la gente siempre que puede está de fiesta y que es la envidia de los fríos nórdicos y los serios germánicos, siempre según los estereotipos, son multitud los que no lo pasan nada bien.

  

El Dr. Tizón explica someramente las posibles causas de este desatino farmacológico desde su punto de vista. No hay un solo culpable o responsable, pero se ha entrado en un círculo vicioso del que resultará muy difícil salir, hasta que surjan más voces que, como el niño del cuento de Andersen, digan lo que realmente piensan y ven, y no lo que se les impone como verdad única (qué risa).

 

La cultura de la inmediatez. Un problema, una solución. Un síntoma, un fármaco. Lo más rápido. Y lo más inútil. Pero a quién le importa. Cualquier médico de familia que se tome en serio su trabajo sabe que detrás de un porcentaje muy elevado de las consultas que tiene cada día hay un desajuste emocional como origen fundamental del problema consultado, y que son minoría las consultas en que podemos hacer un diagnóstico biológico claro y aplicar su tratamiento correspondiente esperando así una curación (si se puede) o mejoría. Vivimos en una sociedad altamente generadora de desajustes emocionales de todo tipo y causa, por mucho que nos quieran hacer comulgar con el dichoso estado del bienestar (de quién).

 

La cuestión es qué hacer con el resto de pacientes. Requieren dedicación, diálogo, relación de confianza. En muchos casos, requerirían derivación hacia otro profesional para recibir algún tipo de terapia de soporte. Pero todo eso lleva tiempo, cuesta dinero, y requiere una organización sanitaria dirigida realmente a la persona, y no a la enfermedad.

 

El profesional, cuya voluntad es ayudar al paciente con lo que tiene disponible, bajo la presión del propio paciente (o su acompañante) para solucionar lo que es un estado de ánimo y no una enfermedad, y sabiendo que no le puede ofrecer nada mejor, acaba cediendo y prescribiendo el antidepresivo y/o el ansiolítico. Por no hablar de los duelos taponados a pastillazo limpio que se pudren y fermentan en el alma de la persona hasta que estallan de mala manera el día menos pensado pidiendo a gritos la atención negada o aplazada.

 

Por otra parte, la marea incontenible empeñada en ver enfermedades y patología allí donde hay cambios fisiológicos evolutivos o variaciones en los estados anímicos como adaptación a lo que nos sucede en la vida (que no es una línea plana ni una gráfica previsible y controlable), y a continuación generar el sentimiento de que eso se puede y se debe tratar con fármacos, es posiblemente la otra cara del monstruo impersonal que nos atiborra de psicofármacos.

 

Para acabar, hay que tener valor para afirmar que el TDAH es un invento farmacológico. Exista o no exista como entidad definida, que eso no soy quien para discutirlo, muchos piensan que no hay necesidad de medicar tanto ni a tantos ni durante tanto tiempo. Pero, ¿quién detiene eso? ¿Qué ocurre cuando los padres empiezan a dudar? Porque tienen derecho a dudar. Sin embargo, el rodillo es despiadado, generador de miedos y de culpas que se solucionan optando por el fármaco, por si acaso, no vaya a ser que…

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