No deberíamos llegar tarde

Hace pocos días leía en una carta de agradecimiento a nuestro equipo una frase que lamentablemente se ha hecho habitual en muchas de esas cartas o en conversaciones de despedida que cierran el proceso de atención al final de la vida.

 

 “Qué lástima que no os hubiéramos conocido antes”.

  

Pues sí, una lástima, que quienes nos necesitan no accedan a un servicio de cuidados paliativos, o lo hagan demasiado tarde. Los miles de profesionales que nos dedicamos a esta tarea llevamos años tratando de hacernos oír, porque cada día constatamos que demasiadas veces llegamos tarde, o sencillamente no llegamos. Y donde no llegamos, hay enfermos que mueren sin una asistencia a la que tienen derecho legal, y a la que tienen derecho moral, porque paliar y atender el sufrimiento, y hacerlo bien (la buena praxis no es optativa), es una obligación del sistema sanitario, sea privado, público, o de cualquier clase.


Y, ¿por qué llegamos tarde? Pues por múltiples causas, que no tienen un único responsable. Hemos tenido un ejemplo reciente. Las circunstancias han hecho que los Cuidados Paliativos hayan estado en boca de los medios a raíz del tristemente conocido caso de Andrea, que ha puesto una vez más en evidencia que predomina la confusión, el desconocimiento, la ignorancia, y cosas peores, cuando se habla de situaciones de final de vida. Una fase trascendente en la vida de las personas, por la que todos vamos a pasar, incluidos los que desde sus cargos políticos o administrativos o gestores exhiben su ceguera o su incompetencia. Una fase que necesita de buen trabajo de acompañamiento en la intimidad, lejos de los medios de comunicación y de los tribunales. La medicina humana, la medicina compasiva, la que cumple las leyes, la que personalizan profesionales preparados y entregados, se hace a pie de cama, no bajo los focos ni en las redes.

 

El día 10 de octubre se conmemoraba el día mundial de los Cuidados Paliativos. La SECPAL y la AECPAL han tenido la iniciativa de proponer que nos hagamos visibles (#paliativosVisibles), que hagamos visibles historias de las muchas que conocemos y hemos vivido, para que toda la sociedad tome conciencia sobre qué estamos hablando. A mí me vienen a la mente todas esas historias, muchas anónimas, muchas desconocidas para nosotros, de familias que guardan un muy mal recuerdo de cómo murió su ser querido, y cómo se llevó el proceso de las últimas semanas. Y que no saben ni que existe una cosa llamada Cuidados Paliativos. Nadie se lo dijo. Nadie se lo propuso.

 

Pues ya es hora. Ningún enfermo debería ser privado de esa atención. Ya no hay excusa. Es cuestión de buena praxis. Y los costes no son problema, está archidemostrado y publicado del derecho y del revés que los cuidados paliativos son la alternativa menos costosa, el ahorro está garantizado.

 

El acceso a los Cuidados Paliativos en condiciones y en equidad no necesita más leyes (no hagan más leyes, por favor), sino voluntad política. Pero me temo que haremos mal en esperar que los políticos nos solucionen el problema. Y no son el único actor en esta obra. Los gestores, y el colectivo médico y sanitario en general, tienen todos una responsabilidad ineludible en no poner palos a las ruedas. Y los ciudadanos, que ante la pregunta de qué tipo de atención quieren recibir cuando llegue el final, también tienen la responsabilidad de pensar la respuesta, y si es el caso, exigir ser atendidos por quienes mejor se han preparado para ello.

 

Mi deseo, y el de muchos, es que algún día dejemos de llegar tarde, aunque sin duda podemos consolarnos con aquello de que más vale tarde que nunca.

 


Enter your email address:

Delivered by FeedBurner


Escribir comentario

Comentarios: 0

Contacto

Atención: Los campos marcados con * son obligatorios.