Otra vez enfermería

En el programa de RTVE A punto con la 2 del pasado 8 de enero, dedicado al proyecto Humanizar las UCI, el reportaje acaba (minuto 26,15) con un testimonio excepcional y sobrecogedor que quiero destacar.

 

Testimonio excepcional

Una paciente neozelandesa recuerda su experiencia en una UCI, en la que permaneció tres interminables semanas. Y en ese tiempo, sintió que nadie se preocupaba lo más mínimo por su estado de ánimo, por su “herida emocional”, por el ser humano que estaba postrado y asustado. En esas tres semanas, solo un enfermero, un único profesional, la contempló y trató como el ser humano que ella era. Solo él se comunicó compasivamente, poniendo su mano sobre su hombro, llamándola por su nombre, y hablándole como a una persona sufriente y sumamente vulnerable.

Transcurridos veinte años, ella sigue acordándose con emoción de aquel enfermero y cuánto significaron sus gestos, y confiesa que nunca le olvidará.

Es así de sencillo. Así de sencillo cuando los profesionales actúan como personas que ayudan a personas. Así de triste cuando no lo hacen. 

 

Enfermería

Ese enfermero me ha hecho pensar en uno de los personajes secundarios de mi novela (El oscuro camino hacia la luz) mejor valorados por quienes han leído el libro, Sonia, una de las enfermeras del hospital en el que atienden a Mauri. Me escribía una doctora, impactada por la lectura, que desearía que todo su equipo se pareciera a la enfermera Sonia (y a algún otro personaje).

Y, curioso, una vez más, y en el vídeo no es ficción, es enfermería la que representa los cuidados que el paciente anhela y necesita. ¿Por qué será?

 


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