¿Qué es eso de la empatía?

Dice el diccionario de la R.A.E. que la empatía es la “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”. En otras palabras, es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender cómo se siente y cómo vive un problema desde su propio punto de vista.

La empatía permite esa conexión mágica que inspira confianza al sentir que el otro, familiar, amigo o profesional, me comprende y se interesa por ayudarme.

Es un elemento que solemos tener integrado de forma natural en nuestras relaciones más personales y cercanas. Pero también interviene en las otras relaciones que entablamos a nivel laboral, social o con profesionales, y en concreto en nuestra relación con profesionales sanitarios va a ser determinante para que nuestras expectativas se vean satisfechas.

 

La empatía y los médicos

Hablemos, como es mi caso, de los médicos. Si un médico quiere ayudar de verdad a un paciente, o hay empatía, o no hay nada. No bastan los conocimientos o la técnica, hay que conectar con la realidad del otro, y cuando hablamos de enfermedad, de sufrimiento, o de posibilidad de muerte cercana (como ocurre en cuidados paliativos), ese ejercicio es absolutamente imprescindible y decisivo.

Acercarnos un día tras otro al sentimiento del enfermo que tiene miedo, que está angustiado, que teme morir, es difícil, duro, y requiere preparación. No se puede hacer a la ligera, porque al enfermo le va todo en la partida.

Pero comprender desde el respeto lo que supone, simplemente, ser un paciente, eso es obligatorio para todos los de la profesión. No vaya a ser que un día tengamos que caer de la higuera de golpe, porque ni la bata blanca ni un curriculum brillante ni los cargos y honores acumulados nos librarán de ser, un día, pacientes.

Puede que entonces el ahora paciente comprenda de una dolorosa tacada cómo se siente uno cuando le hacen poner un batín semitransparente, o cuando le intentan poner una vía y sus venas juegan al escondite, o cuando le van a someter a una broncoscopia y teme ahogarse, o cuando solo ve un techo desplazándose mientras la incómoda camilla es empujada no sabe muy bien a dónde, o cuando pesa en el ánimo la noche en una cama de hospital…

Demasiadas veces hemos de sufrir la experiencia en primera persona para comprender lo que era obvio y estaba cada día ante nuestras narices. Somos así de limitados. La vida no nos pedirá permiso, un día despertamos al otro lado de la barrera, y sentimos sorpresa, incredulidad y horror.

 

Respeto, respeto y respeto

Entender eso, comprenderlo, no es tan complicado, solo requiere una dosis de respeto humano, y una pizca de humildad. Estamos obligados a conocer toda la cadena de  consecuencias, físicas y emocionales, que tienen nuestras decisiones sobre los pacientes, y eso incluye lo que decimos, lo que callamos, lo que prescribimos, lo que indicamos. Es así de simple. Es humanizar la medicinaY es una inversión de futuro. Porque, ¿cómo querremos que nos traten y cuiden cuando nos toque a nosotros? 

Y para quien no la haya visto, y aunque ya tiene unos añitos, una última recomendación, la película “El Doctor” (Randa Haines, 1.991), que ilustra el tema de forma clara y contundente. Para muestra una escena hacia el final, que lo resume todo. Habrá quien considere que está cargada de tópicos y que es exagerada y facilona. ¿Seguro? Ya veremos…


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Comentarios: 1
  • #1

    Leonardo (jueves, 13 abril 2017 08:08)

    Simpatizar,conexión superficial. Empatizar,conexión profunda. Necesaria como escasa, hemos de exponernos, aceptar, respetar, renunciar a la relación maestro-aprendiz paternalista que acostumbramos a hacer. De orden-obediencia. Humildad , sencillez, compasión , conexión. Habilidades entrenables, necesarias. La Medicina del siglo XXI

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