"Debería haber hecho más preguntas"

Son muchas las escenas memorables de la película Wit” (Amar la vida). En este comentario quisiera centrarme en una única escena. Tras una entrada irruptiva con una muestra de cómo no se debe informar a un paciente, o de cómo hacerlo sin empatía ni sensibilidad ni compasión, pasamos súbitamente a ver a la protagonista, ya en el hospital, que sentada en la cama se dice a sí misma que “debería haber hecho más preguntas”.

Me temo que son demasiado numerosos los pacientes que en un momento dado se hacen la misma pregunta, cuando las cosas no son en absoluto como habían imaginado. Unos pensarán que el problema es que no entendieron nada. Otros considerarán que nadie les explicó nada. Algunos se sentirán decepcionados, y algunos otros incluso puede que traicionados.

Se ponen en nuestras manos

Nunca los médicos debemos olvidar ni perder de vista que la primera piedra de nuestra relación con los pacientes es la confianza. La que ponen en nosotros. Y más aún cuando la enfermedad padecida es grave, y sienten su vida amenazada. Tal vez sería muy pretencioso decir que ponen sus vidas en nuestras manos. Pero lo que sí ponen en nuestras manos es cómo va a ser su vida durante los siguientes meses, o semanas, o años (eso depende).

Por ello, la aparición de unos efectos secundarios con los que no contaban ni habían podido imaginar, y que les condicionan negativamente (o arruinan definitivamente) su calidad de vida, sin obtener a cambio la esperada mejoría en la evolución de su enfermedad, puede vivirse con un elevado grado de decepción.

Porque es diferente conocer los riesgos y asumirlos, y que el enfermo decida en función a sus prioridades hasta dónde está dispuesto a arriesgar, a encontrarse inmerso en un torbellino del que ya no puede salir y que le coge de sorpresa. Sea porque no se le explicó, porque se le explicó mal, porque se minimizaron las ahora fatídicas consecuencias, en definitiva, porque la verdad no llegó a su entendimiento, el resultado es el mismo.

No podemos defraudar esa confianza

Si los pacientes no preguntan, porque no se atreven, porque están asustados, o porque confían en nuestro criterio y se dejan llevar, hemos de ser muy conscientes de que no podemos defraudar esa confianza. Y esa confianza incluye dar información veraz y honesta hasta donde sea posible y asumible sobre lo que pueden suponer los caminos A, B o C. Y también incluye ayudar a decidir, o decidir por ellos si así nos lo piden, pero hacerlo siempre pensando en lo que el paciente preferiría según sus prioridades y valores.

Lo mejor no es siempre hacer todo lo posible. Lo mejor no es lo mismo para todos los pacientes. Lo mejor, es lo mejor para cada uno de ellos y en cada momento, y nuestra misión ser dignos de la confianza que depositan en nosotros cuando decidimos por ellos.

 


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