Contradicciones en el cuidado de la salud

La idea de que está sano aquel que no está enfermo hace muchos años que ha quedado atrás. Tantos como cerca de 70, que son los que hace que la OMS adoptó la definición de salud como aquel “estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones y enfermedades”.

Dejando de lado lo de “completo”, entendiendo que es únicamente un objetivo ideal al que tender, e inalcanzable por definición, el resto de la frase debería inquietar e interpelar a las autoridades que se erigen en presuntas protectoras y garantes de nuestra salud, la individual y la comunitaria.

La salud del ciudadano, en manos del Estado

Existe un celo indudable y exacerbado en el cumplimiento de determinadas medidas que protegen a los ciudadanos de numerosas afecciones. Por ejemplo, las vacunas. Las autoridades no solo velan porque todos los niños estén vacunados frente a “n” infecciones, sino que junto a los medios de comunicación ejercen una presión asfixiante contra aquellas familias que se niegan a pasar por el aro del bien común. 

Con igual persistencia se persuade a los ciudadanos a someterse a diversas campañas de detección precoz de otras tantas enfermedades, y no se repara en medios. Por no hablar de las medidas anti-tabaco, o la persecución del malvado colesterol. Pues muy bien. Vamos a suponer que todo eso está muy bien.

¿Qué quita la salud a las personas?

Entonces, lo que me pregunto es dónde está ese celo de velar por nuestra salud (tanto si queremos como si no) cuando se trata de los “otros” aspectos que no solo forman parte de la salud (por definición), sino que la condicionan de manera determinante, como sabemos bien los médicos que escuchamos a nuestros pacientes. 

No es compatible con el bienestar mental (ni social) perder la esperanza por no tener un trabajo digno, por no tener acceso a una vivienda o por haber perdido la que teníamos, por no poder confiar en unos políticos que se muestran impotentes e incompetentes para ponerse de acuerdo en nada.

No es compatible con el bienestar mental (y social) percibir que la sociedad en la que vives es cada vez menos justa, más desigual, y que las prácticas abusivas de muchas empresas poderosas se amparan en una legislación que se lo permite sin pestañear. 

No es compatible con el bienestar mental (y social) que la gente sea infeliz, que vayamos a la cabeza de consumo de psicofármacos, que la conciliación de la vida laboral (para quien la tiene) y familiar en demasiados casos no sea más que un chiste malo. 

Y es que las personas enferman de todo eso y a causa de todo eso, y no solo enferman en el sentido de que no gocen de bienestar, sino que vivir bajo esas condiciones de estrés, de ira, de desesperanza, de abatimiento, genera enfermedades físicas, esas únicas que al parecer merecen la consideración de las autoridades cuando hablan de salud.  

Si de verdad quieren cuidar de nuestra salud, ocúpense de toda ella. De toda. Porque de nada sirve mantener el coche limpio y reluciente si tiene las ruedas pinchadas: no puede ir a ninguna parte. 

En caso contrario, seguirán siendo cómplices y causantes, aunque solo sea por omisión y/o incapacidad, de la mala salud de sus conciudadanos, que tendrán que consolarse con exhibir un inmaculado expediente de cumplidas medidas preventivas. 


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