"A los médicos no les va a gustar"

Son muchos los libros que se escriben (o se encargan) con el objetivo principal (o único) de obtener beneficios. Para ello, lo importante es atraer al máximo de potenciales lectores, y tener un buen reclamo comercial que lleve cuanto menos a una compra impulsiva. Que el libro se lea o no, acaba siendo anecdótico.

Afortunadamente, son muchos otros los libros que ven la luz porque su autor quiere expresar una idea, compartir una historia, algo que bulle en su interior, y lo plasma en papel, poniendo todo su empeño en hacer un buen trabajo, y en ser fiel a su idea, al margen de que sea comercial o no, agrade a todos o a unos pocos. 

No escribí “El oscuro camino…” pensando en agradar al máximo de lectores y así impulsar las posibles ventas. Sabía que la historia de Mauri pone en evidencia de forma angustiosa las consecuencias que el sistema sanitario y la actuación de determinados profesionales tienen sobre los enfermos. Y sabía que podía incomodar a más de uno. De hecho, algunos de los primeros lectores así me lo advirtieron. “A los médicos no les va a gustar” o “tu crítica a la medicina actual es tremenda” o “no sé si agradará a tus colegas” fueron comentarios que me hicieron llegar.

Pues no ha sido así. Tal vez porque quienes podrían ofenderse nunca leerán un libro como éste, o no se darán por aludidos. Eso es parte del drama que se describe en la novela. Y, por supuesto, porque en el colectivo médico, como no puede ser de otro modo, hay de todo. Y lo cierto es que han sido muchos los colegas que al leerlo han conectado en profundidad con la historia que se relata, porque se parece extraordinariamente a historias reales que vivimos a menudo. A no pocos, eso les ha llevado a felicitarme, a animarme a seguir adelante (o a publicarlo cuando solo era un borrador), o a sugerirme que lo ofreciera como material docente porque “debería ser lectura obligatoria para estudiantes de Medicina” o “lo recomiendo a todas las personas que trabajan en el entorno del final de vida”, por ejemplo.

También ha habido colegas que han experimentado gran angustia al empatizar de forma impactante con los sentimientos de Mauri, y eso les ha removido por dentro, confesando esa angustia vivida durante una lectura que no podían dejar, y su emocionado deseo de que los profesionales de su equipo se parecieran a “la doctora de los ojos verdes o a la enfermera Sonia”, personajes de la novela que ofrecen un necesario contrapunto, y que homenajean a los muchos profesionales que en su difícil tarea no olvidan que tienen delante a una persona enferma, persona por encima de todo.

Me decía otra lectora, pienso que con acierto, que en la novela se percibe que "no es una cuestión de culpabilidad," sino que al final, de resultas de lo que se hace y cómo se hace, "nadie es culpable, pero todos acaban sufriendo." Nadie gana, todos pierden. Y quien más pierde es el más débil, el más vulnerable: el enfermo.

Las cosas han de hacerse de otro modo, y son muchos los profesionales y equipos que ya lo hacen de otro modo. Se está avanzando, se están dando pasos para humanizar la atención sanitaria, desde diferentes ámbitos, y ahí hemos estado empujando desde hace años y años en cuidados paliativos.

Pero faltan recursos, falta concienciación tanto en la Administración e Instituciones sanitarias públicas o privadas, como en la propia población. Todo es excesivamente lento. Y, mientras tanto, siguen siendo innumerables las personas que sufren situaciones parecidas a la de Mauri. Darles voz, y no otra, fue la auténtica motivación para escribir El oscuro camino…”



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