Némesis Médica: la profecía

(Reproducción del artículo de igual título que publiqué el 26/04/2015)

Hay libros que se han convertido por derecho propio en auténticas profecías acerca de nuestro oscuro futuro. A todos nos vienen a la mente los textos clásicos de Orwell (“1.984”) o de Huxley (“Un mundo feliz”), por citar los más célebres. Pero hay muchos otros. Y recientemente he podido leer un libro escrito hace 40 años, que constituye una terrible y certera premonición acerca de lo que le esperaba a nuestra amada Medicina.

“Némesis Médica”, de Ivan Illich (que no tiene nada que ver, que yo sepa, con el protagonista de la excelsa novela de Tolstoi), aunque escrita en un tono posiblemente un tanto catastrofista, dibujaba un panorama que en muchos aspectos se ha cumplido inexorablemente. Que haya personas de mente lúcida que vean más allá de lo que ven quienes dirigen los destinos de la sociedad y del mundo, no debería sorprendernos, a estas alturas. Que lo hagan con 40 años de antelación, cuanto menos, tiene su mérito.

En mi opinión, cuando siguiendo la ley del péndulo pienso que la Medicina ha llegado al punto álgido de deshumanización, y cuando se alzan cada vez más voces que denuncian que este sistema no solo es insostenible sino que es una insaciable máquina de generar necesidades imaginarias, este libro adquiere mayor notoriedad.

Para empezar, el subtítulo del libro ya anuncia por dónde van los tiros:

“Némesis Médica. La expropiación de la salud.”

Pero eso es sólo el principio. Veamos algunas perlas:

“Némesis Médica es la expropiación de la capacidad del hombre para afrontar la adversidad por un servicio de mantenimiento que lo conserva equipado a las órdenes del sistema industrial.”

“La civilización médica ha transformado el dolor, la enfermedad y la muerte, de experiencias esenciales con las que cada uno de nosotros tiene que habérselas, en accidentes para los que debe buscarse tratamiento médico.”

En mi opinión, verdades indiscutibles, origen en buena parte del consumismo sanitario y de la infantilización y dependencia en temas de salud a la que nos han conducido entre todos. La siguiente introduce un poco de sentido del humor, pero es terrible:

“Tradicionalmente, la persona mejor protegida contra la muerte fue aquel a quien la sociedad había condenado a morir. La sociedad consideraba una amenaza que el hombre que estaba en capilla pudiera usar su corbata para colgarse. Era un desafío a la autoridad que el condenado se quitara la vida antes de la hora fijada. Actualmente, el hombre mejor protegido para que no pueda montar el escenario de su propia muerte es la persona enferma en estado crítico. La sociedad, actuando mediante el sistema médico, decide cuándo y después de qué indignidades y mutilaciones él morirá.”

No es un guiño a la eutanasia, es un lamento por haber echado a un lado a la muerte natural, arrebatando al hombre el derecho a presidir su muerte.

“La muerte técnica ha ganado su victoria sobre el acto de morir.”

Lo sabemos muy bien quienes desde los cuidados paliativos peleamos cada día por devolver esa dignidad a quienes van a morir y arrebatarles de las tenazas de la máquina impasible e impersonal que decide y determina pero no piensa ni siente.

Otra cita que aún va más atrás, ¿qué pensaba el Dr. Oliver Wendell Holmes en 1.883? Esto:

“Deséchese el opio, que el propio Creador parece recetar, pues a menudo vemos crecer la amapola escarlata en los maizales como si se hubiese previsto que donde hay hambre que saciar debe haber también dolor que aliviar; deséchense también unos cuantos medicamentos específicos que no descubrió nuestro arte médico; deséchese el vino, que es un alimento, y los vapores que producen el milagro de la anestesia, y creo firmemente que si toda la materia médica que actualmente se utiliza pudiera arrojarse al fondo del mar, tanto mejor sería ello para la humanidad… y tanto peor para los peces.”

Una exageración, pero buena parte de razón tiene. Y la última:

“La gente sana no necesita de intervenciones burocráticas para amarse, dar a luz, compartir la condición humana, y morir.”

El péndulo debe iniciar el descenso, ya es hora. Recuperemos nuestra capacidad de dirigir y entender nuestra propia salud. No renunciemos a nuestra autonomía para afrontar el dolor, la enfermedad y la muerte. No dejemos que sigan medicalizando nuestra vida de principio a fin.


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