Sobre "Destellos de luz en el camino"

Como un anticipo de las Navidades y los Reyes Magos, ha llegado la reedición de “Destellos de luz en el camino”. Ocho meses han bastado para casi consumir la primera tirada. Todo un éxito. Y más teniendo en cuenta el tema que trata, nada “comercial”. Buen momento para hacer un primer balance, y echar la mirada atrás. Y compartirlo con mis lectores y seguidores.

No lo esperaba. De verdad. Pero, por encima de que las ventas hayan superado las expectativas, para mí la auténtica y sorprendente satisfacción ha sido otra. He recibido innumerables mensajes, por mail o a través de las redes, de conocidos y allegados, y de perfectos desconocidos, de personas de mi ciudad, y de personas que viven a miles de kilómetros.

Ha sido emotivo, no solo recibir elogios y felicitaciones sino, curiosamente, agradecimiento, por haber escrito algo como “Destellos”. Agradecimiento. ¿Qué más se puede pedir de un lector? Cuántos han confesado haberse conmovido, haberse emocionado intensamente, o haber llorado a lágrima viva (tanto hombres como mujeres). 

Me han hablado de cómo algunos relatos, o el libro entero, han ayudado a comprender muchas cosas. Me han explicado cómo se han identificado con un personaje, con una situación, y cómo eso les ha removido y les ha hecho contactar con su humanidad más profunda. Me han escrito cosas preciosas que nunca agradeceré lo suficiente. Incluso alguien se atrevió a decir en público en una presentación que la lectura de “Destellos” le había cambiado la vida (no creo que sea para tanto, honestamente). 

Cuidados paliativos en estado puro

Y es que, pese a que se relatan 15 muertes, el libro es un canto a la vida, dicho por los propios lectores. Cada episodio tiene su vida particular. Y sus personas humanas detrás. Elaborar cada uno de ellos fue una experiencia de grupo, cargada de palpitantes recuerdos. 

Los objetivos que me marqué al escribirlo se han cumplido plenamente. Quería explicar que morir bien es posible, describiendo historias reales. Quería dar voz a los profesionales de cuidados paliativos, a los familiares, y a los protagonistas principales, a los enfermos que se marcharon. Quería que fuera un homenaje a todos ellos. Y así ha sido.

Y para mi álbum particular de recuerdos, el momento en que se me comunica que el libro será publicado por Libros de Vanguardia, mi debut firmando libros en Sant Jordi y agotando todos los ejemplares en las dos paradas en las que atendí a los lectores, la presentación en la Casa del Libro con la sala grande abarrotada, las entrevistas en los medios, y la ya célebre Contra de La Vanguardia con Víctor Amela. Todo eso ya pasó. Todo pasa, todo es efímero. Como lo que sucede en cada uno de los relatos. El recorrido de “Destellos” ahora ya es discreto, silencioso, sin hacer ruido, entrando en nuevos hogares más como regalo bienintencionado que como adquisición de una novedad. Pero espero que, paso a paso, siga haciendo camino.

El ciclo de la vida, y del final de la vida

Un último párrafo para la fundación que presido (Fundación Paliaclinic), a la que van destinados los beneficios de las ventas del libro. Nos dedicamos a dar soporte al final de las vidas a los más vulnerables. Y nuestros proyectos crecen a gran velocidad y llegan cada vez a más familias. 

Pues se me ocurre que no deja de ser muy bello que los finales de vida que se relatan en “Destellos” tengan una utilidad postrera para hacer más llevaderos nuevos finales de vida, los de quienes más ayuda necesitan en momentos tan duros. Es una amorosa forma de cerrar el círculo de la vida. En tiempos de obsequios y regalos, merece la pena pensar en ello. 


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