Los demás días

Tenía ganas de verla, y por fin llegó a Barcelona. Como en todas las ciudades por las que ha pasado, por la puerta de atrás y en silencio, fuera de los circuitos comerciales. Sin aglomeraciones en taquilla. Con la prevención y el susto anticipado en algunas caras. Suele suceder.

"Los demás días" es un documental magnífico, que no me ha sorprendido porque tras quince años en el mundo de los cuidados paliativos estoy muy familiarizado con todo lo que retrata. La sensación de sorpresa proviene de ver eso tan familiar en pantalla, y de que un director se haya atrevido a realizar un trabajo tan valiente en territorio minado.

Carlos Agulló cede todo el protagonismo a las personas humanas, enfermos, familiares, profesionales, y logra que su cámara pase desapercibida y sea un testigo mudo e invisible de una realidad que es así, tal cual. La película desprende respeto por todos sus poros, y eso sí me ha impresionado, y me hace sentir agradecido. Lo más puramente cotidiano se mezcla en sabia combinación con la trascendencia de lo que está sucediendo. Hay espacio para la risa, para el llanto, para los abrazos, para las miradas, para el sarcasmo, para la reflexión, porque la vida es todo eso, y la vida no se detiene por el hecho de que se vislumbre el final.

Algún día vas a morir...

Esa es una de las grandes lecciones, recogidas en el afortunado título. “Algún día vas a morir, pero los demás días no”. Qué fácil de pronunciar, qué difícil de interiorizar. Pero es así. No quedar paralizados ante la amenaza, y seguir viviendo. Dice una de las protagonistas, que luce una luminosa sonrisa en muchos de los planos, que lo que quiere es vivir, no luchar. Esa es una diferencia sustancial, pero que requiere aceptación, y por supuesto información. 

En ese sentido, el documental juega con una ventaja. Todos los que intervienen, enfermos y familiares, saben a qué se enfrentan. No hay pactos de silencio. Y eso facilita ese flujo natural de la vida que contemplamos en la pantalla, con un convincente realismo que no es más que el reflejo de lo que ciertamente sucede así, tal como se ve.

Y un último apunte para unas lágrimas especialmente conmovedoras, las de quien recibe su bautismo de fuego en su rotación por el servicio de paliativos. Por cierto, debería ser obligatoria. Porque lo que nos muestra “Los demás días” no es extraño ni excepcional, es lo que viven cada día miles y miles de personas. Y nos formamos para cuidarlas y atenderlas, ¿o no?

No recogerá cifras millonarias (aunque sí la admiración y agradecimiento de muchos). La gente tiene miedo de ver algo así. Pero sería aplicable aquello de que lo que imaginamos siempre es peor de lo que luego es. Dar el paso, y ver el documental, nos ayuda, y tanto que nos ayuda, a aprender a vivir, que es de lo que se trata. 

Si aún no las has visto, no te la pierdas. Aunque llores. ¿Y qué?


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