Reflexiones sobre enfermedad y final de vida

En medio del lenguaje belicista contra el cáncer y las esperanzas puestas en los imparables avances científicos, para el enfermo existe otro elemento crucial que va a determinar cómo vivirá la enfermedad. Será la presencia a su lado de personas que lo acompañarán de forma incondicional la que romperá la soledad y teñirá de humanidad un duro periodo que justamente por eso se hará más soportable.

Tomar decisiones nunca es fácil. Hacerlo cuando una enfermedad amenaza nuestra vida, o la de un ser querido, aún es mucho más difícil. Toda actividad que conlleva dificultad requiere de preparación y entrenamiento. Reflexionar anticipadamente sobre situaciones que podrían darse en relación a la enfermedad o la muerte nos capacitará para afrontarlo mejor en un futuro que no sabemos cuán lejano está.

La vida es una sucesión de momentos, que se viven de uno en uno y no todos al mismo tiempo. Eso, a veces, es lo que globalmente hace soportable lo que visto de forma anticipada o retroactiva puede parecer insoportable. Así ocurre en el final de vida, que también hay que vivir día a día, momento a momento... Lo que se imagina insufrible puede ofrecer instantes de plenitud que valgan por toda una vida...

Tenemos mucho miedo a la muerte, y a morirnos. La imaginación nos juega malas pasadas, y asociamos el trance de morir a una experiencia terrorífica y de elevado sufrimiento. Pero las evidencias recogidas por profesionales dedicados a los cuidados paliativos y por los propios enfermos cuando no han acabado de dar el último paso dicen todo lo contrario.

Morir bien, o que mueran bien los nuestros, no depende solo del sistema sociosanitario, con sus centros y sus profesionales, y su marco legal. Son un factor determinante, sin duda. Pero también depende, y mucho, del factor humano, esa variable intangible que no podemos esperar que resuelva el sistema, sino que nos atañe a todos.

¿No ha pensado nunca, en un funeral de esos que dejan un buen recuerdo, que tan bellas palabras sobre el difunto deberían haberse dicho en vida del mismo? ¿Seríamos capaces de organizar una celebración que sirviera de despedida, en vida? Una idea algo transgresora. Morrie Schwartz, el protagonista de "Martes con mi viejo profesor", tuvo el valor de hacerlo.

Si nos proponen invertir, pensaremos en dinero, o en formación, o incluso en salud. El objetivo de invertir es obtener unos beneficios futuros. Y ¿qué tiene eso que ver con el final de vida? A mi entender, más de lo que parece. Una reflexión en este artículo.

El lúcido testimonio de quien está cerca de la muerte tiene un valor extraordinario para quienes escuchan estupefactos cómo es posible que alguien hable con tal serenidad, paz, alegría y aceptación, de algo que en general hace poner los pies en polvorosa a los oyentes. Una entrevista para oír una y otra vez, cargada de sabiduría. Una enseñanza de cómo afrontar el morir.

Hacer, al menos una vez en la vida, una profunda reflexión sobre la muerte, será el modo de que no nos coja por sorpresa, como suele suceder. Pero esa reflexión no puede hacerse desde la distante racionalidad, sino desde dentro, con honestidad y contactando con lo que de verdad nos importa.

Si ya es malo estar enfermo, peor es que te hagan sentir culpable por estarlo. Cuando algo sale mal, hay que buscar una causa, para nuestra propia tranquilidad, para que nos libre de la contingencia, para sentirnos seguros si nos portamos bien. Pero eso no es la condición humana.

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